viernes, 13 de diciembre de 2013

Nina.



Denk Dir ein Bild - weites Meer
ein Segelschiff setzt seine weissen Segel
und gleitet hinaus in die See.
Du siehst wie es kleiner und kleiner wird.
Wo Wasser und Himmel sich treffen, verschwindet es.
Da sagt jemand: "Nun ist es gegangen!"
Ein anderer sagt: "Es kommt!"
Der Tod ist ein Horizont, und ein Horizont ist nichts
anderes als die Grenze unseres Sehens.
Wenn wir um einen Menschen trauern,
freuen sich andere,
die ihn hinter dieser Grenze wiedersehen.

Peter Streiff

Piensa en un cuadro – el ancho mar / un velero desplega su vela blanca / y se adentra en él / Ves cómo se hace más y más pequeño. / Allá donde se juntan el agua y el cielo, desaparece / Y entonces, alguien dice: “¡Se ha ido!” / Otro exclama “¡Ya llega!”
La muerte es un horizonte, y un horizonte no es / otra cosa más que la frontera de nuestra mirada / Cuando lloramos a alguien / se alegran aquellos / que le esperan al otro lado de esa frontera.


"La gente no tiene miedo a morir, la gente tiene miedo a morir en una unidad de cuidados intensivos, alejados del alimento espiritual que da una mano amorosa, separados de la posibilidad de experimentar las cosas que hacen que la vida valga la pena."

Elizabeth Kübler-Ross




 
Estos días se me amontonan los recuerdos, Nina. Uno detrás de otro, llegan cuando menos los espero, y son como una cadena de imágenes, un collar que, perla a perla, va componiendo toda una vida. Acabas de irte y ya te echo de menos. ¿Dónde dejaste aquellos polvitos mágicos que traías de tus viajes? ¿No funcionarían ahora y te traerían de nuevo a nuestro lado? 

Me parece oírte con toda claridad contándonos otra vez aquella Nochevieja en una gran ciudad al otro lado del océano, una ciudad inmensa llena de rascacielos en la que todos brindaban con champán y se deseaban happy new year.  Pilas de fotos en tus cajones; Nina en Pattaya, Nina en La Habana, en Casablanca. Nina en Nueva Delhi, en Atenas, en Roma. Siempre quise ser tan viajera como tú.

Y siempre tan golosa. Aquel 10 de marzo en el que ya casi no podías andar te regalamos una merienda dulce, dulcísima, ¿te acuerdas? Cómo me dolía verte tan frágil, cómo te costaba subir al coche, y bajar, y dar un paseíto apoyada en mi brazo. Cuando hace unos días me pediste que te hiciera natillas (sin canela, claro), no pensaba que te las pudieras comer todas. Te costaba tanto comer. Cómo me dolía verte esos pómulos pronunciados, esas manos temblorosas y huesudas. Las queridas manos de Nina, que tantas veces habían cogido mis manos.

Querías estar siempre guapa. ¿Me peinas un poquito, Ana? ¿Me pones colonia? ¿Y si me traes mi colorete? Y yo maquillaba tus ojeras profundas, tus ojitos cansados. 

Qué bien nos ponías a todos las inyecciones, Nina, no dolían nada. Y qué bien nos cuidabas cuando estábamos malitos. Sí, ya sé que siempre quisiste ser enfermera. Y maestra. Y ceramista. Y tía-madre, y madre-tía. Y fuiste todo eso y mucho más. Y buena gente. Sobre todo buena gente.

Te veo todavía sentada, combinando colores, siempre con un pincel en la mano. Tus jarrones en mi casa, tus platitos, tus cajitas, tus espejos llenos de flores azules, de flores rosas, de rosas y margaritas en las casas de todos.

Nos veo sentados los tres a tu mesa, aquella noche de verano en tu querido apartamento, siempre con el mar al fondo. Me enamoré y tú confiaste en mí, y le abriste la puerta de nuestra familia. Me dijiste “qué buena persona es este chico; se le nota en la mirada”. Y acertaste de pleno. 

Nina: sé que te hice uno de los regalos más grandes de tu vida cuando te puse en los brazos a Marina. Cómo se te iluminaba la cara sólo con ver a la princesa. La niña de tus ojos. Tu alegría. Contigo se ha ido también una parte de su vida.

Nina. Mi Nina. Cómo te he querido, y cómo te quiero. Y cuánta falta me haces ya, y qué extraña me parece ya mi vida sin ti. No puedo creerlo, es que todavía no puedo creerlo.

Ya no sufres, mi Nina del alma. Tus manos ya no tiemblan, ya respiras bien sin ayuda de esa pesada bombona de oxígeno. Te has llevado tanto amor que ahora tendrás alas, y seguirás viajando eternamente, libre, sin trabas, sin muletas. 

Mi consuelo es que estuve contigo hasta el final. Tú parecías despertar de tu letargo cuando oías mi voz. Y yo deseaba entonces tener un poder sanador, y darte vida, darte luz, y regalarte todo ese tiempo que te ha faltado.

Pienso en papá recibiéndote con un abrazo. Eso me hace sonreír, y pienso en la suerte que tenemos ahora, al contar con dos ángeles guardianes protegiéndonos.
Sé que estaréis ahí cuando lleguemos. 

Gracias Nina, gracias por tantas cosas. No te enfades conmigo; ya sé que no te gusta verme llorar, pero es que necesito hacerlo. 

Seguiré hablando contigo otro rato. No vueles demasiado lejos.




11 comentarios:

  1. Muy bello y también muy triste. Pero imagino que te habrás sentido mejor luego de escribirlo.
    Un beso para tí, Ana. No dudes que los ángeles existen y están MUY cerca!

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  2. Ana, te envío un gran abrazo, son momentos muy tristes que sólo el tiempo lo alivia, estoy segura que Nina recibe tu amor y tu cariño donde quiera que ahora esté, el amor siempre encuentra el modo de llegar al otro ser, aunque ya no esté en este mundo material, el amor nunca se pierde ni se diluye y eso es lo que nos sostiene....

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  3. Meine liebe Ana,

    me has hecho emocionarme mucho.
    Que cosas más tiernas, llenas de amor escribes sobre vuestra "Nina". Te salen del alma.

    Se nota tanto amor, tanta admiración, tanta ternura, tanto respeto hacia ella. Y no solamente lo dices ahora, porque ahora físicamente no está von vosotros. Sino es algo que le habéis dado durante toda su vida. Que bonito es, que más cosas puede pedir una persona en su vida? Gente maravillosa a la que importas y que te aman, admiran y respetan. Más al final no hace falta.

    Has hecho el primer paso, de darle el sitio y el espacio que se merece, aunque su cuerpo humano no esté. De eso se trata: recordar a los seres queridos, hablar de ellos en voz alta, recordarles, recordar todo lo que han dado, sus valores, su hábitos, ponles una velita, unas flores, una foto. Entonces van a estar aquí. En alemán se dice "tot ist nur, wer vergessen wird".

    No la conocía bien, pero la recuerdo como una mujer fuerte y alegre - y si, su tortilla de patatas ... legendär!
    La ultima vez que la vi fue cuando fuimos a la Opera, a Zauberflöte, lo recuerdas? Que bien nos lo pasamos todos ahí!


    Mira, en Austria tenemos esta página de "Trauerhilfe". Ya te la enseñe una vez. www.trauerhilfe.at

    Alles Liebe y un abrazo!

    Gabriele

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  4. Querida amiga, tú sabes cómo y cuánto me identifico con esos sentimientos. A veces pienso que la he llorado poco pero creo que es porque ella no me deja, que sabe que tengo y que tendré otros motivos por los que hacerlo y porque quiere que su recuerdo siempre suscite en mi lo que me trasmitió en su día a día: amor, entrega, sutiles detalles, fuerza, arrojo, ganas de vivir, de sonreír, de ilusionarse... sobre todo cuando las cosas viene cruzadas (que de eso ella sabía mucho)

    Con tus palabras a Nina he llorado con pena honda pero con dulces lágrimas. Yo también la veo aun parándose en la calle a decirme algo, tan cariñosa. Siempre me contaba cosas de Marina o de Elías y se le escapaba una gran sonrisa. Qué orgullosa se sentía! La habéis hecho tan feliz, se sentía….

    Ya no podemos darles un beso, peinarlas, hacerles unas natillas "sin canela" o una tortilla de patatas (sin cebolla claro), pero cada vez que sonreímos (aún con lágrimas) y que nos superamos y que "vivimos" y amamos es porque ellas dibujaron nuestras vidas, nos enseñaron bien y nos piden que hagamos lo mismo con nuestras vidas, con los nuestros, con los que nos rodean. Que vale la pena.

    Y eso es lo único que explica que su imagen, su presencia, su recuerdo nos provoquen al mismo tiempo lágrimas dulces y ganas de vivir. Sin ellas pero en ellas.

    Gracias por compartir tu carta. Siempre pones preciosas palabras a los más bonitos sentimientos.

    Un besito de luz y colores que iluminen tu pena.

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  5. Querida Ana,
    lamento profundamente tu pérdida.

    Coincidí en una ocasión con Nina, brevemente. Todavía recuerdo mi cara de sorpresa ante un “socarrat” en el que se representaba un “árbol de la vida”, ¿te acuerdas?.
    No tuve ocasión de conversar con ella, ni con tu madre, ni apenas contigo; era uno de esos días, de los que tantos hemos compartido, de corre prisas, de ir y venir sin pausa. Sin embargo, recuerdo una gran sonrisa ante mis palabras de agradecimiento por haber traído su contribución pictórica al proyecto. Aunque no conocí a Nina, es para mí un ser entrañable a través de tus palabras.

    Yo también disfruté de la compañía de una “Nina”, mi tía abuela, Amparo. Aún recuerdo que le peinaba el moño, bien recogido en la parte baja de la cabeza; que le ponía películas en ese aparato moderno que no sabía manejar, aunque si disfrutar; te lo aseguro, y que me llamaba princesa. Era una persona entregada a los demás. Compartí sus últimos días, al principio, con una impotencia terrible, buscando remedios inverosímiles, creyendo que tal vez la levadura de cerveza le daría fuerza, hasta que comprendí que el momento había llegado y que no había fuerza humana que pudiera evitarlo. Entonces me sorprendí, porque mi deseo no era que permaneciese entre nosotros contra todo pronóstico, muy al contrario, desee que no hubiera sufrimiento y que su partida fuera pronta y apacible y, en la medida de mis posibilidades, así lo procuré.

    El acto de amor más importante ya lo has llevado a cabo, estando con ella, dándole tu cariño y teniéndola presente hasta el final y más allá.

    Creo que entre los seres humanos se forma una cadena de invisibles lazos, que acaba aproximando a aquellos que comparten unos mismos ideales; así que estoy segura de una cosa: Nina y Amparo comparten una misma luz, la misma con la que iluminaron su mundo, el nuestro.

    Un abrazo

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  6. Queridas amigas: Vuestras palabras son un bálsamo ahora para la tristeza. Los que se van nos recuerdan lo breve que es esta existencia. Y a mí, Nina me está recordando que disfrute mucho la vida, que tenga cerca a las personas a las que quiero y que sea consciente siempre de la suerte que tengo de contar con ellas. Como decía la doctora Kübler-Ross, ése es el verdadero alimento espiritual que hace que la vida valga la pena. No tengo ya palabras para agradeceros vuestra amistad y vuestra cercanía. Un abrazo enorme a todas.

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  7. Hola Ana, guapa!
    Precioso el homenaje a tu tía Nina. Me he emocionado mucho leyéndolo.
    Hacía tiempo que no la veía, pero recuerdo perfectamente su buena disposición, su cara siempre sonriente. Un día hablando con ella me dijo que una de las ciudades más bonitas que había conocido era Lisboa, Otro, con ella y tu madre en la playa, me dijo con mucho cariño que parecía una gitana canastera. Aún conservo un jarroncito que pintó con mi nombre...Pero sobretodo, recuerdo el amor y la devoción que demostraba siempre por vosotros. Estos pocos recuerdos que guardo de ella los llevo siempre conmigo. Le mando un beso enorme allá donde esté.
    Un beso muy fuerte a toda la familia y mucho mucho ánimo. Como bien dices, hay otro ángel que cuida de vosotros.

    Ana C.

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  8. Bonitos recuerdos, querida Ana, que son los que perdurarán en ti y en tu entorno, siempre.

    Por fortuna, la tristeza se marchará, dando paso a la costumbre de la ausencia, tras la comprensión de la trascendencia, como tantos, además de Elizabeth Kübler-Ross, nos han enseñado a percibir.

    Mientras, muchos ánimos y recibe un fuerte abrazo

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  9. Lo siento mucho, Ana. No sé que decirte, aún tengo un mudo en la garganta después de leer lo que has escrito. Es bello, triste y esperanzador, porque ese amor que repartió durante su vida, no se pierde, yo lo veo como semillas que arraigan y crecen en las personas que les rodean. Así que es muy real que nuestros seres queridos siguen entre nosotros, cada vez que decimos una frase suya, o una broma, o damos a nuestros hijos consejos que ellos nos dieron...o vemos que somos tal como somos gracias a esas "semillas" que nos dejaron. Un abrazo muy grande, amiga.

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  10. Para Nina con amor.
    Esther

    http://www.youtube.com/watch?v=i1GmxMTwUgs&sns=em

    In the arms of the angel
    fly away from here
    from this dark cold hotel room
    and the endlessness that you fear
    you are pulled from the wreckage
    of your silent reverie
    you're in the arms of the angel
    may you find some comfort here
    you're in the arms of the angel
    may you find some comfort here

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  11. Llorar al leerte es pensar que la emoción tiene la necesidad de expresarse libremente. No es nada más. Es mi emoción al ver tu increíble sentimiento.

    Pero la misma emoción de tristeza emitida por ti y sentida por quien, a tu lado, te escucha narrar tus sentimientos, se torna por instantes en sonrisa. Como le dije a alguien una vez, es como si las lagrimas sueltas de emoción acariciasen una comisura de labios sonrientes.

    Y esa mezcla se produce en mí al leerte, al detallar tan bellamente instantes de ti, al tener la sensación de palpar tu expresión como si estuviese viviendo esas escenas a tu lado.

    Y eso sólo se produce si las palabras muestras su huella. Una huella de congoja, de amor, de ternura, de sinsabor… o de conciencia.

    Si la palabra y su huella muestran su sentimiento, tú, como siempre, te reflejas blanca en ellas.

    La mezcla de sonrisa y lágrima que sufrimos terceros, creo que te la dará el indescriptible e inexacto tiempo. Llegará ese momento en el que pienses en Nina, en vuestros instantes, en lo bello que ha sido compartir vuestro espacio y vuestra piel, y tus lágrimas de emoción se mezclarán con tu sonrisa.

    En ti será la emoción de un recuerdo en el que saltará, siempre con fuerza, una palabra que he repetido intencionadamente por ser la que mejor define ese instante: puro sentimiento.

    Mucha fuerza y un besazo inmenso.

    Carlos

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