domingo, 19 de octubre de 2014

Hello, sun in my face.



    Un domingo de otoño. Salimos a pasear temprano por el monte de Cosa. La dureza del querido paisaje nos regala de pronto colores y sabores inesperados: una amapola perdida en medio del camino; el violeta del azafrán, guardando su oro rojo, y el otro rojo profundo, el de los escaramujos. Luego el dulzor de las moras y las acerolas. Y las copas de los árboles que a veces se resisten a perder su verde, pero acaban doblegándose al otoño, y anaranjean, y amarillean dóciles. Los campos dorados del verano son ahora grises, o marrones, y el trigo que se cosechó deja ver ahora la tierra fértil y satisfecha. La naturaleza parece aceptar gustosa que se acerca una época de silencio y recogimiento.

El sol es esta mañana todavía fuerte y nos quema la cara, y al llegar al río -que milagrosamente sigue vivo a pesar de la sequía- nos descalzamos y lo cruzamos deleitándonos en el frescor vigorizante del agua. Coco bebe y luego se resguarda en la sombra de las encinas.

Sólo silencio, naturaleza y calma, mientras recorremos los caminos lenta y plácidamente.
Y, siempre, tácito, nuestro agradecimiento por este regalo de la naturaleza. Por estar vivos y poder sentirnos parte de ella.

Resuenan en mí todo el tiempo los versos de Mary Oliver, la mejor poeta de la naturaleza:

"Hello, sun in my face. Hello you who made the morning and spread it over the fields... Watch now, how I start the day in happiness, in kindness."
 









viernes, 9 de mayo de 2014

Necker Island

  

At the edge of the ocean.

I have heard this music before,
said the body.

A la orilla del mar.

Ya he escuchado esta música antes,
dijo el cuerpo. 





Keep some room in your heart for the unimaginable.

Deja espacio en tu corazón para lo inimaginable.





Sometimes, I need only
 to stand wherever I am 
to be blessed.

A veces, sólo tengo que quedarme de pie, 
dondequiera que esté, 
para sentirme bendecida.



MARY OLIVER 
Fotos: Necker Island, British Virgin Islands

viernes, 13 de diciembre de 2013

Nina.



Denk Dir ein Bild - weites Meer
ein Segelschiff setzt seine weissen Segel
und gleitet hinaus in die See.
Du siehst wie es kleiner und kleiner wird.
Wo Wasser und Himmel sich treffen, verschwindet es.
Da sagt jemand: "Nun ist es gegangen!"
Ein anderer sagt: "Es kommt!"
Der Tod ist ein Horizont, und ein Horizont ist nichts
anderes als die Grenze unseres Sehens.
Wenn wir um einen Menschen trauern,
freuen sich andere,
die ihn hinter dieser Grenze wiedersehen.

Peter Streiff

Piensa en un cuadro – el ancho mar / un velero desplega su vela blanca / y se adentra en él / Ves cómo se hace más y más pequeño. / Allá donde se juntan el agua y el cielo, desaparece / Y entonces, alguien dice: “¡Se ha ido!” / Otro exclama “¡Ya llega!”
La muerte es un horizonte, y un horizonte no es / otra cosa más que la frontera de nuestra mirada / Cuando lloramos a alguien / se alegran aquellos / que le esperan al otro lado de esa frontera.


"La gente no tiene miedo a morir, la gente tiene miedo a morir en una unidad de cuidados intensivos, alejados del alimento espiritual que da una mano amorosa, separados de la posibilidad de experimentar las cosas que hacen que la vida valga la pena."

Elizabeth Kübler-Ross




 
Estos días se me amontonan los recuerdos, Nina. Uno detrás de otro, llegan cuando menos los espero, y son como una cadena de imágenes, un collar que, perla a perla, va componiendo toda una vida. Acabas de irte y ya te echo de menos. ¿Dónde dejaste aquellos polvitos mágicos que traías de tus viajes? ¿No funcionarían ahora y te traerían de nuevo a nuestro lado? 

Me parece oírte con toda claridad contándonos otra vez aquella Nochevieja en una gran ciudad al otro lado del océano, una ciudad inmensa llena de rascacielos en la que todos brindaban con champán y se deseaban happy new year.  Pilas de fotos en tus cajones; Nina en Pattaya, Nina en La Habana, en Casablanca. Nina en Nueva Delhi, en Atenas, en Roma. Siempre quise ser tan viajera como tú.

Y siempre tan golosa. Aquel 10 de marzo en el que ya casi no podías andar te regalamos una merienda dulce, dulcísima, ¿te acuerdas? Cómo me dolía verte tan frágil, cómo te costaba subir al coche, y bajar, y dar un paseíto apoyada en mi brazo. Cuando hace unos días me pediste que te hiciera natillas (sin canela, claro), no pensaba que te las pudieras comer todas. Te costaba tanto comer. Cómo me dolía verte esos pómulos pronunciados, esas manos temblorosas y huesudas. Las queridas manos de Nina, que tantas veces habían cogido mis manos.

Querías estar siempre guapa. ¿Me peinas un poquito, Ana? ¿Me pones colonia? ¿Y si me traes mi colorete? Y yo maquillaba tus ojeras profundas, tus ojitos cansados. 

Qué bien nos ponías a todos las inyecciones, Nina, no dolían nada. Y qué bien nos cuidabas cuando estábamos malitos. Sí, ya sé que siempre quisiste ser enfermera. Y maestra. Y ceramista. Y tía-madre, y madre-tía. Y fuiste todo eso y mucho más. Y buena gente. Sobre todo buena gente.

Te veo todavía sentada, combinando colores, siempre con un pincel en la mano. Tus jarrones en mi casa, tus platitos, tus cajitas, tus espejos llenos de flores azules, de flores rosas, de rosas y margaritas en las casas de todos.

Nos veo sentados los tres a tu mesa, aquella noche de verano en tu querido apartamento, siempre con el mar al fondo. Me enamoré y tú confiaste en mí, y le abriste la puerta de nuestra familia. Me dijiste “qué buena persona es este chico; se le nota en la mirada”. Y acertaste de pleno. 

Nina: sé que te hice uno de los regalos más grandes de tu vida cuando te puse en los brazos a Marina. Cómo se te iluminaba la cara sólo con ver a la princesa. La niña de tus ojos. Tu alegría. Contigo se ha ido también una parte de su vida.

Nina. Mi Nina. Cómo te he querido, y cómo te quiero. Y cuánta falta me haces ya, y qué extraña me parece ya mi vida sin ti. No puedo creerlo, es que todavía no puedo creerlo.

Ya no sufres, mi Nina del alma. Tus manos ya no tiemblan, ya respiras bien sin ayuda de esa pesada bombona de oxígeno. Te has llevado tanto amor que ahora tendrás alas, y seguirás viajando eternamente, libre, sin trabas, sin muletas. 

Mi consuelo es que estuve contigo hasta el final. Tú parecías despertar de tu letargo cuando oías mi voz. Y yo deseaba entonces tener un poder sanador, y darte vida, darte luz, y regalarte todo ese tiempo que te ha faltado.

Pienso en papá recibiéndote con un abrazo. Eso me hace sonreír, y pienso en la suerte que tenemos ahora, al contar con dos ángeles guardianes protegiéndonos.
Sé que estaréis ahí cuando lleguemos. 

Gracias Nina, gracias por tantas cosas. No te enfades conmigo; ya sé que no te gusta verme llorar, pero es que necesito hacerlo. 

Seguiré hablando contigo otro rato. No vueles demasiado lejos.




domingo, 1 de diciembre de 2013

You may say he´s a dreamer...


Hoy es mi hijo el protagonista. Pero lo sería también aunque no fuera mi hijo. Si yo hubiera conocido su historia a través de la radio, o el periódico, como otras muchas personas, hoy también lo habría traído a esta isla. Porque aquí tiene sólo cabida la esperanza, la luz, las personas que inspiran, todo lo que nos hace orgullosos de ser humanos. 

Con sólo veintitrés años, Elías es ejemplo de fortaleza, de valentía, de generosidad y de confianza en la vida. Es uno de esos John Lennons que circulan por el mundo y lo llenan de esperanza. Un miembro de la llamada "generación Y" que no concibe el mundo, esa "aldea global" si no es compartiendo, cuidando el planeta, dando valor a lo que somos y no a lo que tenemos. Mi hijo vive y trabaja hoy día en Necker Island (Islas Vírgenes Británicas) muy lejos del lugar en el que nació, pero para él, como ciudadado del mundo, es lo mismo aquí y allá. El mundo entero es su hogar. Porque Elías forma parte de una generación para la que no hay barreras, y para la que ya no es una utopía todo aquello que John Lennon nos animaba a imaginar. Se ha agotado para ellos el paradigma del individualismo, del beneficio únicamente personal. Y nos empujan a flexibilizarnos, a abrirnos a lo nuevo, a la cooperación, a la creatividad. Son seres llenos de energía a los que cuesta retener, y que viven con pasión, buscando desafíos constantemente. 

Yo agradezco cada día el gran privilegio de ser madre. Hace ya tiempo entendí que mis hijos son mis mejores maestros. Y al mismo tiempo son mi gran obra, mi valiosísimo legado a la humanidad y a este planeta.

"Acaba otro día. No uno cualquiera, sino un día como ningún otro. Y es que no hay día igual que el anterior.
Algo falla cuando se pierde la emoción y el ansia por el día que vendrá mañana, cuando parece que es la monotonía la que lleva el ritmo de nuestra vida. Ese sentimiento no es más que un mal enfoque de los acontecimientos diarios, que parecen anularse por una negra menudencia en la que decidimos centrarnos.
 

Son casi dos meses nada más los que llevo recorridos en mi nueva etapa al otro lado del Atlántico, casi dos meses llenos hasta la bandera de anécdotas, nueva gente, nuevas tareas, nuevos desafíos, nuevas metas.  
Es fácil decir que algunos simplemente tienen suerte y la disfrutan sin más, mientras que otros van sólo intentando levantar cabeza. Lo cierto es que desde que se me ocurrió intentar algo distinto, todo lo que ha venido detrás ha sido emocionante y fascinante. Mi nueva vida en el Caribe no hace más que mejorar por momentos conforme me habitúo a las misiones y responsabilidades nuevas del día a día.
No voy a negar que el comienzo fue duro, especialmente viniendo de uno de los mejores veranos que haya podido disfrutar. La morriña y el anhelo de los amigos de siempre no desaparecen en ningún momento, pero al principio se tienen más en cuenta que la realidad del día a día, que pasa por tus ojos sin darte cuenta. 
Soy consciente de lo afortunado que soy al haber recibido una oportunidad que no dejé escapar. Y a pesar de haber renunciado a mi tierra, amigos y familia por un tiempo, estoy orgulloso de haber tomado la elección correcta porque merece la pena. 
Éste es un mensaje de ánimo y fuerza a todos los que no creen o no son conscientes de su potencial para dar un vuelco a su vida por dejarse llevar por la rutina y el entorno, que tan poco acompañan ahora mismo en España. Animo a todos y cada uno de los que les llegue este mensaje a enfocar cada día como una oportunidad nueva y especial, para conocer gente extraordinaria, probar cosas nuevas y sobre todo, para enfocar cada acontecimiento de distintas maneras, encontrar diferentes soluciones y no caer en la monotonía, que nos hace tropezar una y otra vez con la misma piedra.  

Cada día puede ser extraordinario si lo planteamos así, igual de extraordinarios que somos cada uno de nosotros. Buen comienzo de semana y por qué no, de nueva vida a todo el mundo."

Elías, octubre 2013


jueves, 28 de noviembre de 2013

La chispa creadora.



 "Sonatina", Simon Dinnerstein
                                            
Cuando vi este video por primera vez, intuí en seguida que había algo muy especial en la forma de tocar el piano de la intérprete. Quizás fue simplemente su mirada, que parece buscar continuamente respuestas en un bosque, en una partitura, o sus ojos cerrados mientras acaricia las teclas, o su aspecto delicado junto a sus manos fuertes. O quizás fue esa forma tan humana, tan femenina, de presentar a Schubert, de escuchar con suma atención cada nota que  toca. De ser al mismo tiempo manos y oídos, intérprete y público.

Tuve la sensación de que Schubert y su Impromptus habían hecho un viaje en el tiempo y se habían sentado junto a la artista frente al piano. Probablemente, el compositor le estaba susurrando al oído todo el tiempo. De ahí ese aire absorto de la artista.

Y así, la obra que fue escrita hace 186 años, se refrescaba, se hacía nueva y vibraba con ella, con los árboles, con esa cafetera al fuego, con las viejas fotos y las pinturas, con ese niño que juega despreocupado...

Luego he comprobado que Simone Dinnerstein suele combinar en sus actuaciones la poesía, la música, la improvisación, la narración. Todo ello para producir una obra artística integral, llena de riqueza y de matices. Para ir mucho más allá de la experiencia tradicional de concierto clásico.

Y por fin entendí  todo mucho mejor cuando leí algo sobre la infancia de esta mujer tan especial. Su padre, el pintor Simon Dinnerstein, se sentaba con ella desde muy pequeña para hablarle de arte, y le explicaba que su principal interés en el arte residía en  la vida interior de las cosas. No le preocupaba el contexto histórico  o la teoría pictórica. Solía explicarle que un pintor de verdad, o un escritor, o un músico, debe acercarnos a la vida y la humanidad en todas las direcciones. Debe saber habitar y describir la vida de una mujer, un niño, un bebé; describir todos los estados de ánimo, desde el más oscuro al más luminoso, del más prosaico al más onírico y extraño; saber convertirse en una manzana, la mitad de un lápiz, en un perro suplicante; saber canalizar todos los estados divergentes para aportar humanidad al arte, ya sea pintura, música o literatura.

Así, Simone aprendió lo que es mirar realmente, y convertirnos a través de esa intensa mirada en lo que realmente somos. En lo mejor que podemos ser. Observar con atención para tratar de entender lo que hay allá afuera  y habitar más conscientemente este planeta en el que vivimos.

Simone observa y capta la energía inerte en la partitura para darle vida, y convertirla en arte. Como la famosa obra de Miguel Ángel, en la que el  brazo derecho del creador se encuentra estirado, para impartir la chispa de vida de su propio dedo al del creado.

Simone me ha recordado lo que es, lo que debe ser el arte y el artista. Y por eso se convierte desde hoy mismo en nuestra primera “persona que inspira”.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Mi viaje hacia Ítaca.


Empieza hoy una nueva andadura, un viaje hacia mi nueva Ítaca. De antiguas aventuras me traigo sólo este puñado de aguamarinas, la piedra de los marineros y de los viajeros, que me protegerán en una travesía que espero sea muy larga. Si vienes conmigo, haré que nos acompañe siempre el aroma de la lavanda y el rumor del mar, siempre tan cercano. Hablaremos de arte, escucharemos buena música, compartiremos platos deliciosos a la luz de una vela. Prepárate; salimos de inmediato...


Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Poseidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades
para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Más no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
más no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


Constantino Petrou Cavafis
Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης